SpottersDay 2015El pasado día 11 de septiembre se celebró en el aeropuerto de Manises el 1º Spotters Day de su historia. Este evento, organizado por la Asociación Valenciana de Spotters (de la que soy miembro recientemente) contó con la colaboración de AENA y Air Nostrum. Para los profanos, se trata de un día en el que los spotters pueden acceder al interior del aeropueto y estar cerca de las pistas (previamente acreditados) para poder fotografiar sin trabas todas las aeronaves que se presenten. Hasta hace relativamente poco tiempo era algo que prácticamente no se conocía en nuestro país. Poco a poco empezaron a organizarse en aeropuertos grandes (como Barajas), pero cada vez son más los que abren sus puertas un día al año para que los spotters puedan fotografiar a pie de pista. Si bien todavía queda mucho camino por recorrer hasta ponernos a la par de algunos países europeos, donde incluso se cuenta con instalaciones permanentes (terrazas, miradores…) para uso y disfrute de los spotters, estos pequeños pasos confirman que estamos en el buen camino. Sin duda estamos dejando atrás los días en que el spotter era visto como un bicho raro (y potencialmente sospechoso), consiguiendo que esta afición vaya ganando en popularidad (y comprensión por parte de las autoridades).

Un día diferente.

En lo personal admito que no esperaba pasármelo tan bien, aunque suene a tópico. Es cierto que no es la primera vez que accedo al “interior de la valla”, sin embargo las circunstancias eran distintas y me sorprendió gratamente el disfrutarlo tanto. La diferencia era que en otras ocasiones accedía con un pase de prensa y, por más que fuera una colaboración, no dejaba de ser una jornada “de trabajo”, por así decirlo. Me lo pasaba bien, por supuesto, pero también estaba la cuestión de tener que centrarme en todo, de asegurarme de que las fotos y los videos salieran bien, de no poder centrarme únicamente en lo que me apeteciera en ese momento… Mención aparte es la compañía (que siempre hace). En los corralitos de prensa todo el mundo suele estar en lo que está, normalmente no todos comparten la afición (o directamente no tienen ni remota idea de qué es todo aquello y lo que están viendo) y es complicado encontrar a alguien afín con quien poder comentar algo (no siempre, pero ocurre). De hecho me he llegado incluso a encontar con gente bastante antipática (pocas veces, por suerte).

Aquí en cambio se trataba de un día básicamente festivo, de fotografiar aviones por el mero gusto de hacerlo, acompañado de gente con la misma inquietud, sin preocuparme de si la foto me sale impecable o si no he llegado a tiempo por estar pendiente de otra cosa… Un día para compartir afición, compartir anécdotas, conocimientos y, sobre todo, para disfrutar. Quizá hubiera también cierta sensación de “vamos a ver cómo sale esto” (por nuestra parte y por la de las autoridades, claro), a fin de cuentas era una experiencia piloto para aprender sobre la marcha y que marcaría el que hubiera posteriores ediciones, así como su desarrollo futuro. Sin embargo todo salió a la perfección. Y cuando las cosas salen bien, se disfrutan, vaya que sí.

A380 Emirates

Este A380 de Emirates también se unió a la fiesta… de lejos.

Aviones, bocatas, chalecos naranjas, más aviones…

La jornada se podría resumir básicamente en un entrar, fotografiar hasta hartarse y salir (con alguna pausa entre aviones para comerse un bocadillo y charlar). A las 11:00 pasábamos el control de seguridad con nuestros chalecos ya puestos (por una vez nadie ponía caras raras al ver la mochila en el escáner con tanto cacharro y tanta batería…). Desde la terminal regional, luciendo unas gorras cortesía de Air Nostrum (bonito detalle, todo sea dicho), salimos en una jardinera hacia el lugar habilitado para nosotros, a la sombra del ILS de la pista 12, pasando por la plataforma de carga (ocasión para acribillar al 767 de UPS de cerca por la ventanilla) y rodeando frente a nuestro querido montículo de N4 (comprobando cómo se ven las cosas desde el interior de la valla y saludando a algún compañero que no había podido participar). Una vez allí, aclarados los límites dentro de los que nos podíamos mover empezó la caza. La ubicación no podía ser mejor, con la pista 12 activa estábamos en el mejor sitio para fotografiar despegues y aterrizajes, con buena luz, sin obstáculos para cazar los aviones rodando a la cabecera desde la terminal. Incluso estábamos bastante cerca de T4 para ver algún rodaje ocasional desde la plataforma sur. No fueron pocos los pilotos que saludaron o que incluso pudimos captar sus caras de “¿qué hacen todos esos frikis de naranja ahí en medio apuntándome con sus cámaras?”. Durante seis horas la tónica fue fotografiar sin parar a todo lo que se moviera (incluso alguna libélula, cuando no habían aviones). Es cierto que el volumen de tráfico que hay en Valencia no da para estar sin parar, ni mucho menos. Pero no por ello las largas pausas hacían que se enfriara el ambiente. Había muchas historias que contar, muchas fotos que comparar y muchos conocimientos que compartir como para aburrirse. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que puedes estar con un desconocido varias horas (o incluso días) y apenas dirigirte la palabra más que lo justo y necesario, pero pon un avión en medio y, si es aficionado, la charla fluirá sola durante horas. Finalmente, alrededor de las 17:00, vino de nuevo la jardinera a recogernos para devolvernos a la terminal.

La malograda Cherokee saludando.

La malograda Cherokee saludando.

Anécdotas, saludos y excursiones inesperadas.

Como decía, al no ser Manises un aeropuerto con gran volumen de tráfico, no da para muchas sorpresas. Sin embargo alguna que otra hubo. Junto a la plataforma regional pasamos bastante cerca de un Piaggio P.180 Avanti, que no es que se vea muy a menudo. En dos ocasiones pudimos ver el B737 de la “compañía irlandesa de bajo coste” con decoración “Dreamliner” (para variar de tanto avión de esa compañía no está mal), varios reactores ejecutivos (algunos fráncamente vistosos), las dos decoraciones de Transavia… Otra novedad (al menos para mí) fue un Dornier 328 de SkyWork bastante bonito. También hubo cierta cantidad de tráfico ligero, casi todo de instrucción, que se limitaban a hacer pasadas bajas o incluso alguna toma y despegue. Una de las veces llegamos a oir por la radio cómo uno de esos vuelos comunicaba a la torre su intención de hacernos una pasada especial si a su regreso todavía estaba ahí abajo ese grupo de spotters (comentario muy aplaudido, obviamente), otros nos saludaban e incluso se permitían alabear un poco o hacer alguna rotura para quedar bien en la foto. El punto triste lo dío precisamente uno de esos aparatos, concretamente la Piper Cherokee EC-CLU (nos saludaron durante su pasada), que sufrió un accidente justo dos días despues cerca del aeródromo de Requena. Por suerte sólo hubo que lamentar daños materiales, resultando ilesos sus ocupantes. Si bien los accidentes nunca son una buena noticia, cuando se trata de un aparato que has llegado a fotografiar siempre deja un mal sabor de boca. Como broche final para el día, el conductor accedió a regresar terminando de dar la vuelta al aeropuerto, lo cual hacía más largo el recorrido, pero nos llevaba por las zonas más interesantes. Así pudimos echar un vistazo de cerca al corrosion corner, la plataforma de Avialsa y sus aviones para trabajos forestales, la plataforma de aviación general, algunos reactores privados, los A300 de Iberia abandonados (imponentes a la vez que tristes vistos de cerca), el CASA CN-235 de Salvamento Marítimo (que vimos aterrizar un rato antes) y, sobre todo, el enorme B747 de Pronair, también en estado de semiabandono desde hace años. Era tal la espectación por verlo de cerca que el conductor tuvo el detalle de acercarse adrede  para poderlo fotografiar bien de cerca por las ventanillas. ¿Para qué negarlo? Si bien algunos ya teníamos cierta edad, ese autobús es lo más parecido que recuerdo a un autobús de colegio en día de excursión. Son esos momentos que, por si acaso no se repiten, tratas de saborear al máximo. Tras despedirnos del Jumbo llegamos de nuevo a la terminal regional. Allí los aficionados al fútbol se encontraron con el extra de coincidir con el Valencia C.F. llegando para dirigirse a un partido, con lo que tuvieron alegría doble. Y así terminamos el día, con “moreno de plataforma” en la cara y brazos y sin quitarnos el olor a keroseno y goma quemada.

Seguridad ante todo.

Hubo algo sobre ese día que creo que fue bastante bonito (a falta de otra palabra que lo defina mejor). Durante toda la jornada estuvimos acompañados por personal de seguridad del aeropuerto. La función obvia era la de velar por nuestra seguridad, pero también la de evitar que pudiéramos sobrepasar los límites impuestos, algo lógico cuando metes una treintena de personas en un entorno que les es ajeno. Porque una cosa es conocer aquello y otra es saber con exactitud lo que puedes hacer, lo que puedes tocar, lo que es peligroso y lo que no. Tal y como mencionaba al principio, hasta ahora la relación entre spotters y cuerpos de seguridad siempre ha sido algo complicada. Son múltiples las anécdotas de spotters españoles que ha sido requeridos para abandonar la zona, que les han pedido identificación, que incluso han tenido que borrar fotos… Yo mismo tengo aquella historia que nunca me canso de citar (por extravagante) de haberme tenido que identificar a un policía por estar fotografiando una exhibición de la Patrulla Águila, así que tras eso, ya me lo creo todo. Fuera de nuestras fronteras, como también decía, les habilitan zonas especiales, pero además les piden colaboración para mejorar la seguridad. Si cuatro ojos ven más que dos, tener varias decenas de objetivos apuntando por todo el perímetro sin duda es algo que se agradece cuando de seguridad se trata. Más aún si es gente con gusto por lo que hace y ganas de colaborar. Aquí… bueno, poco a poco se hace camino. A lo que me refería por bonito (antes de desviarme) es al hecho de que durante toda la jornada, aparte de hacer fotos, también pudimos estrechar lazos con el personal de seguridad, intercambiando conocimientos, experiencias, aprendiendo unos de otros… El viejo dicho de que “hablando se entiende la gente” nunca ha sido más cierto. Si en vez de mirarnos de reojo a lo lejos sabemos exactamente lo que hace y lo que espera el otro, todos salimos ganando. Nosotros sabemos lo que podemos y lo que no podemos hacer, ellos saben exactamente lo que hacemos y lo que buscamos. Conociendo los límites nosotros facilitamos su trabajo, si además sabemos lo que buscan incluso podemos colaborar con ellos. ¿O acaso algún spotter va a dejar de informar si observa algo raro, si hay algún individuo sospechoso en la zona…? Es de lógica, una relación simbiótica en toda regla. Y una cosa está clara: los primeros interesados en evitar que haya comportamientos sospechosos en el perímetro somos nosotros. No podemos permitirnos el que, por una conducta “extraña”, nos limiten la actividad a todos los demás. A fin de cuentas no hacemos daño a nadie, incluso somos una buena promoción para aeropuertos y compañías, ya puestos.

Seguro que se me quedan un montón de cosas todavía en el tintero, pero como suele ocurrir ya me ha salido un buen ladrillo, así que me limitaré a añadir alguna foto testimonial, no muchas porque descubrí que la cámara está ya muy necesitada de una puesta a punto y me salió un material bastante flojo (las de dentro del autobús no se salvan). También os dejo un par de videos del compañero Javier Rullán, que hizo muchos más (recomiendo visitar su canal de YouTube), pero esto es lo más resumido que hay.


Miembros AVS salto

¡Nos vemos en el próximo Spotters Day!

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