No hace mucho tuve ocasión de volar con esa compañía irlandesa low cost que todos conocemos. Hasta el momento no había tenido experiencia directa con ninguna compañía de este tipo, por lo que siempre intentaba abstenerme de entrar en discusiones sobre su funcionamiento. Si lo he hecho siempre ha sido dejando claro que me basaba únicamente en experiencias ajenas. Tras haberlo probado en persona está claro que no es suficiente una vez para sacar conclusiones, pero aún así quisiera compartir mi experiencia. Si a alguien le aprovecha, genial, pero que se ponga cómodo que esto es largo.

De los precios, autobuses y papelotes de embarque.
Lo primero que uno ve con estas compañías es el precio, que siempre se muestra baratísimo en relación a las compañías «de bandera». En mi caso fue un trayecto ida y vuelta Valencia-Beauvais (me da la risa si pongo Paris/Beauvais). El precio en web del billete rondaba los 60€, algo alucinante si lo comparamos con los 120, 130, 140… que costaba ir a Orly o Charles De Gaulle en las mismas fechas con otras compañías. Pero cuando uno sigue adelante con el proceso de compra aparecen las tasas aeroportuarias, que redondean el precio a los 100€. Vaya contrariedad. Aún así sigue siendo más barato… hasta que uno mira el precio de los autobuses-lanzaderas desde Beauvais a Paris, que sale a 30€ justos. Hay que decir que ignoro lo que pueda costar el trasladarse desde los otros aeropuertos, pero en cualquier caso se ha reducido mucho la distancia entre los precios. Hablo de precios sacando el billete la misma semana del viaje, si se hace con más semanas o meses de antelación sale mucho más barato… en todas las opciones, por lo que no lo consideraré. También hay veces que salen ofertas, esas famosas gangas de billetes a 12€ o incluso menos. Existir existen, pero siempre en número limitado. No sé la cifra de billetes que se puedan ofertar a ese precio, pero es un grave error pensar que la totalidad del pasaje haya pagado ese precio por sus billetes. Ah, y que nadie se olvide de llevar su tarjeta de embarque impresa desde casa, bajo pena de llevarse un buen recargo si te lo tienen que imprimir en el mostrador. Las compañías normales ya llevan el «cartón» directamente incluído en el precio. Me pregunto cómo lo hará quién no tenga ordenador con Internet en casa.

De los aeropuertos, tiendas y carreras en plataforma.
Hace ya muchos años, cuando se empezaban a poner de moda las low cost, pensé en hacer una visita a un buen amigo que entonces trabajaba al lado de Londres. La posibilidad de poder hacer una escapada de fin de semana por 30 ó 40 € era muy tentadora, sin embargo mi amigo me lo dejó muy claro: «Ni se te ocurra, aunque te salga más caro vente con British y me lo agradecerás». Su principal argumento era la diferencia de distancias entre los aeropuertos principales y los «menos principales». No llegué a comprobarlo, pero la idea era la misma que mencionaba antes: la diferencia del precio del billete te la gastas en hacer más kilómetros por carretera. Ojo, que si uno no va a la ciudad, sino que se queda en el extrarradio (como yo, que me alojaba en Beauvais), pues eso que te ahorras. Pero el problema no es sólo de distancias o precios. El servicio también cuenta. Un aeropuerto secundario seguramente tendrá unas tasas inferiores a uno principal. Por la misma regla de tres, su infraestructura también será inferior. No es lo mismo Reus o Girona que Barcelona. No es lo mismo Ciudad Real que Barajas. Ir a un aeropuerto secundario implicaba, en el caso de Beauvais, el tener únicamente dos cafeterías y una tienda de recuerdos. No conozco Orly ó De Gaulle, pero intuyo que superan eso con creces. Y no lo critico, cada sitio es lo que es y ofrece lo que ofrece. Ni más ni menos. Pagar más implica más opciones, pagar menos implica servicios limitados. Otro detalle que sinceramente no comprendo es el hecho de no tener asientos numerados (al menos con esta compañía). Esto implica que al embarcar se observa una carrera por escoger sitio que parece que la vida te vaya en ello (observado en todas las colas de esta compañía). No entiendo en qué puede afectar esta medida, salvo en que te pueden pedir un extra en el billete para tener embarque prioritario (o sea, entras primero y te dan unos minutos de tiempo antes de liberar al resto del pasaje). Al final se consiguen nervios, grupitos de amigos a gritos de parte a parte del avión porque han reservado sitio o porque han llegado tarde y cada uno está en una punta, atascos de gente que va y viene por el pasillo… No sé yo si de esta forma se gana tiempo en tierra, por más que embarques usando las dos puertas. Que esa es otra. Aunque el aeropuerto disponga de fingers libres, el embarque se hace siempre a pie de pista, son típicas las colas de gente acarreando maletas y cruzando la plataforma a la carrera. A la ida no me molestó demasiado, aunque hacía algo de fresco, el ratito que me tiré sobre el cemento observando (y escuchando) las demás aeronaves no estuvo mal. Pero es que eso te lo hacen también aunque sea de noche y estés a temperaturas bajo cero. No comprendo, por mucha prisa que tengan en embarcar, por qué han de hacer esperar al pasaje a la intemperie. No pasaría nada por esperar dos minutos más en la puerta y no dar salida hasta que no se pueda subir directamente, mejor eso que estar diez minutos a -2ºC en el exterior, que igual un chico joven lo soporta bien, pero habrá gente mayor o niños pequeños que no les venga nada bien. En ese aspecto prefiero gastarme un poquito más y usar los fingers donde los haya, que para eso están.

Del equipaje, los puzzles y souvenirs a presión.
Aquí sí que admito que es un auténtico suplicio. En una compañía «normal» puedo facturar mi maleta y llevar una bolsa de mano en cabina por el mismo precio. Con la de bajo coste, si quiero facturar una maleta tendré un recargo (en mi caso 15Kg suponían 30€ y 20Kg 50€), con lo cual el precio del billete se sitúa de nuevo al mismo nivel que cualquier otra compañía, menudo ahorro. La única forma de mantener el precio bajo es llevar un único bulto de determinadas dimensiones máximas. Para una estancia corta puede no suponer un problema, pero para varios días se complica. Si además hay que llevar material de ese que uno jamás quiere facturar (cámaras, portátiles, etc) el problema es doble. Se impone mucha práctica con el Tetris a la hora de meter en un trolley diminuto todo junto. La escena en la cola de embarque de todo el mundo insertando su maleta en el cajetín para comprobar la medida, así como la de pasajeros con sus pertenencias repartidas por el suelo junto a la cola, intentando reducir su grosor para ahorrarse el recargo si han de facturar, es algo que me da grima, la verdad. Y si se trata de la señora que no ha caído en que su bolso también es un bulto, la cosa ya es para llorar, el ver cómo tiene que estrujarlo entre los pijamas del trolley para que pueda subir abordo. Y es que es un problema, porque para el hombre de negocios que sólo lleva la muda para pasar una noche y volver no hay mayor problema, pero si se te ha ocurrido comprarte un souvenir y luego no consigues que quepa en la maleta, dime tú cómo lo haces. O rizas el rizo de la compresión recolocando la maleta o te ves forzado a facturarla por 30€ porque se te ha ocurrido comprarte una figurita de 10. Caro souvenir te sale. Siempre queda la opción de vestir varias prendas encima (hay quien lo hace), pero si te toca cacheo en el control de seguridad más vale que llegues sobrado de tiempo para quitarte el exceso de ropa y volvértelo a poner. Por supuesto, si te ha dado por ir a Eurodisney con los críos, te deseo suerte para guardar en la maletita el traje de Bella Durmiente o las orejas de Mickey. He visto gente pasando el control policial luciendo ambos artículos por falta de sitio donde guardarlos, impagable ver cómo pasan el escáner de mano a la niña porque su traje de princesita hace pitar el arco detector hasta fundirlo.

Del viaje, los asientos sin revista y los cigarros sin humo.
Ir de bajo coste y esperar algo más que el simple traslado es una utopía. El avión está claro que cumplirá a la perfección y estará en condiciones de volar bien, los mantenimientos precarios y aparatos pasados de horas se quedan para las compañías tercermundistas. Eso al menos se cumple, digan los escépticos lo que digan. Ahora bien, que nadie espere una pantallita para ver algo en un vuelo largo, que nadie espere cascos con música, que nadie busque esa revista en el bolsillo del asiento para echar un vistazo. Tendrás la diversión que lleves contigo… o la que lleve el resto del pasaje. En mi caso el vuelo iba llenito de estudiantes en escapada de fin de semana, alterados, festivos, anticipando la juerga que les esperaba en tierras galas, el vuelo fue de todo menos entretenido. Por suerte en el viaje de vuelta todos iban reventados (por la fiesta y por el retraso, que llegamos de madrugada), con lo que fue un vuelo de lo más tranquilo. No tengo tanta experiencia como para saber si esto siempre es así, pero la única vez en que he ido incómodo por el resto del pasaje (hasta el punto de que YO esté deseando llegar para bajarme de un avión, que más parecía un camión borreguero…) ha sido con bajo coste. Igual no tiene nada que ver, en todas partes hay gente con buena y mala educación, todos tienen derecho a volar con cualquier compañía. Pero bueno, el dato está ahí. También es cierto que todo depende de lo que uno entienda por diversión. En esta compañía no habrá pantallita, pero la tripulación te ameniza contínuamente con desfiles por el pasillo para ofrecerte una amplia gama de productos, ya que te has ahorrado dinero con el billete, lo justo es que te lo gastes en algo más. Cada x minutos te ofrecen por megafonía el menú (no quise ni mirar el precio, lo admito), el rasca-rasca, la tarjeta para llamadas, los productos libres de impuestos (cosmética sobre todo), los cigarrillos sin humo, el calendario con sus TCPs en traje de baño… Lo que no me gustó fue que costaba muchísimo enterarse de lo que decían. A veces por el ambiente ruidoso del pasaje, a veces por el volumen ridículo de la megafonía, a veces por usar un inglés con fuerte acento o francés (en un avión lleno al 90% de españoles), la cuestión es que costaba escucharles bien. Y no enterarme de las ventajas de su tarjeta telefónica, como que me da igual. Pero la charla de seguridad es la única vez que no la he conseguido oir. Uno ya se sabe el discurso (y si no ahí está la tarjeta explicativa dos horas delante de tí), pero para el que no lo conozca es un fallo. Sé que el comandante se dirigió al pasaje unas pocas veces, la voz cambiaba y el mensaje no iba acompañado de un tripulante luciendo algún producto por el pasillo, por lo que debía ser algo de relativa importancia. Sólo esa lucecita que se encendía antes de tiempo para que me abrochara el cinturón me sugería que nos acababan de avisar de que venían turbulencias (que lo mismo me da, porque no me suelto hasta que no me voy a levantar), pero la cuestión es que si el piloto habla, lo suyo es que ahí atrás se le oiga y entienda.

Del trato, los detalles y el poquito de por favor
Mucha gente habla de que estas compañías te tratan como a un trapo. En ese aspecto ni quito ni pongo, no he podido ver lo suficiente. Pero el buen trato creo que no se reduce exclusivamente a sonreirte y darte las gracias aunque les estés abofeteando. Es el conjunto del servicio prestado.Y si bien hay detalles que van en función de lo que te gastes, hay cosas que no cuestan dinero. En ese aspecto, pues admito que la experiencia no me resultó satisfactoria. Puedo aceptar lo de imprimirme mi propio billete en casa, supongo que va con el precio. Puedo aceptar el embarcar por la escalerilla tras andar un rato y la venta en vuelo, más de lo mismo. Pero hay detalles que no me gustan. Por ejemplo, a la hora de meter y sacar la maleta en el cajetín ese para comprobar el tamaño, muchas veces ocurre que la maleta entra pero luego cuesta de sacar. ¿Vería veces a gente (normalmente chicas jóvenes) con la maleta «legalizada» pero enganchada peleándose por sacarla de ahí, ante la atenta mirada del personal de la compañía? Hombre, no seas así, pon aunque sea un pie sobre el armatoste para que la chica pueda sacar la maleta sin desmontar el artilugio. Ya ha demostrado que tiene la medida, ten un mínimo de cortesía y ayudale a extraer la maleta (y de paso la cola podrá avanzar más rápido, que es lo que interesa). Luego viene la carrerita de la que ya he hablado y no hace falta extenderse más. Simplemente añadir que se considera de bien nacidos el no hacer esperar a la gente junto a la nieve. Seguro que cuesta lo mismo embarcar, ya espere la gente en la puerta o veinte metros fuera de ella. Sobre el trato personal he oído de todo, desde los muy amables hasta los que casi buscan el llegar a las manos. A mí nadie me ha tratado mal en ese aspecto, pero pude entender a otros viajeros en la sala de embarque que les habían contestado a gritos cuando preguntaban por el retraso de su vuelo. Cuesta lo mismo hablar bien o mal. Pero la diferencia más enorme la encontré en la información. Y aquí sí que haré odiosas comparaciones. En el viaje de vuelta hubo un retraso de dos horas, al parecer debido a problemas de control en París (no todo va a ser nuestro). La única explicación vino por cuenta del piloto, en un chapurreo apenas inteliglible y sin mucha pasión. Y nada más. Recuerdo hace años, en mi primer vuelo (a Barcelona, con Spanair), que la vuelta se retrasó un poco (no recuerdo cuanto). En todo momento el personal en el aeropuerto informó puntualmente del estado del vuelo, nada más subir la tripulación se deshizo en disculpas, en cuanto alzamos el vuelo repartieron descuentos para próximos viajes y prometieron que harían lo posible por recuperar parte del tiempo perdido (y vaya si lo hicieron). Para mí no estuvo mal. En otra ocasión, una avería del aire acondicionado con Air Nostrum, nos retrasó casi una hora, dentro del avión y en verano. La tripulación se disculpó mil veces, repartieron agua y se nos informaba cada pocos minutos de los progresos y posibilidades en caso de que finalmente hubiera que cancelarlo. No es un consuelo, pero ver al comandante que está sudando, igual que tú, que se mueve arriba y abajo intentando arreglar la situación y se preocupa por sus pasajeros, pues al menos reduce el cabreo a un simple fastidio. También me gustó. Con la misma compañía un año más tarde se repitió la historia (también es casualidad), al menos estábamos en la sala de embarque. Sin necesidad de preguntar, cada pocos minutos venía alguien a informarnos y a atender las dudas que hubiera. La cosa no se pudo arreglar y nos tuvieron que recolocar en otro vuelo con una escala intermedia. Otra situación de esas que te tocan la moral, pero nuevamente sentí que se me trataba bien. Llegué varias horas tarde a casa, pero esas cosas pasan. Claro está, cuando estás de madrugada, en un país extranjero, en una sala atestada de gente con ocho vuelos retrasados más (donde sólo hay sitio para dos o tres como mucho), sin que nadie te diga nada, sin saber cuándo volverás, viendo como otros vuelos son cancelados… cuando subes al avión y sólo te dicen «lamentamos el retraso, es que hay problemas con el control en París»… y con eso te quedas, pues en fin, que algunas cosas está claro que son de cuestión de dinero, pero otras son sólo cuestión de respeto y consideración con el cliente.

En resumen
Con todo esto no pretendo sentar cátedra sobre este tema. Ni quiero quemar a estas compañías ni quiero subirlas a un pedestal. Me he limitado a explicar mi experiencia y mi opinión al respecto, pero en última instancia es cada uno el que tiene que pensar qué es lo que quiere, lo que le conviene y lo que está dispuesto a aceptar o no a cambio de gastarse más o menos dinero. Cada uno es cada uno, conozco gente que con que alguien le lleve a su destino tiene más que suficiente y conozco otros que sólo vuelan en primera, aunque tengan que pagar el doble del billete normal. Al final lo que hay que hacer es sentarse y mirar con calma las opciones, sacar números sobre el precio total del viaje (no sólo lo que diga la oferta) y decidir qué le conviene más. Lo que es cierto es que, el hecho de que nos vendan un billete de avión por 10€ no implica que nos estén dando un duro a cuatro pesetas, ni mucho menos. Tengamos siempre presente el hecho de que un señor no monta una aerolínea porque se sienta magnánimo. Todos buscan ganar dinero, unos lo consiguen repartiendo frutos secos y toallitas para refrescarse y otros vendiéndote colonias a treinta mil pies de altitud. Distintas tácticas para un mismo fin. El truco está en conseguir averiguar no quién nos lo ofrece más barato, sino qué opción es la que nos cuesta menos. Puede parecer lo mismo, pero la diferencia es grande.

Un saludo.

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