Tal y como comentaba en una entrada anterior, desde que se popularizaron las cámaras digitales, la cantidad de fotógrafos amateurs dedicados al spotting no ha hecho más que crecer y crecer. Hoy en día no hace falta tener un nivel adquisitivo extraordinario para hacerse con un equipo con unas prestaciones que, hace no muchos años, sólo estaban al alcance de profesionales del sector. Yo mismo, en mis inicios, no podía permitirme gastar más que un par de carretes en una exhibición. Podía sacar 30 ó 40 fotos en un evento donde, a fecha de hoy, difícilmente bajaría de las 300 (hasta 2000 he llegado a tirar). El cambio no sólo se nota en el aspecto económico. Ya fuera asistiendo a cursos o consultando libros en plan autodidacta, hacía falta cierto nivel de conocimientos si uno quería usar correctamente una cámara réflex. En cambio hoy en día se da la circunstancia de que las cámaras, incluso las más costosas, ofrecen un grado de automatismo tal que el aficionado puede sacar fotos de considerable calidad con sólo apretar el disparador. Mil y un ajustes predefinidos se encargan de que cualquiera pueda sacar una buena foto con un mínimo esfuerzo.

Con este panorama no es de extrañar que hayan proliferado bastantes webs de fotografía para que todos los aficionados puedan compartir su material con los demás. No me refiero a webs donde uno se abra su cuenta gratuítamente y suba todo lo que quiera, sino a estas otras páginas que ya conocemos donde el material enviado pasa un proceso de selección antes de ser publicado. Esta selección, basada en criterios más o menos objetivos y más o menos estricta según los sitios, es la que se encarga de que todas las fotos que aparezcan mantengan un estandard mínimo de calidad. El problema con esta forma de funcionar (y aquí es donde voy llegando al meollo de la cuestión) es que una foto técnicamente correcta no siempre es una foto buena, del mismo modo que una foto buenísima muchas veces no es aceptada por alguna carencia técnica. La objetividad en este caso no siempre juega a favor de los intereses de un fotógrafo. Para gustos los colores, podría decirme alguien.

Funcionarios ó fotógrafos en serie

Fotos repes

Día de la Marmota aeronáutico

Así pues, al sumar todo esto nos encontramos con una legión de fotógrafos con muy buenos equipos, que pueden hacer fotos más que correctas (técnicamente hablando) y no dudan en compartirlas con el resto de la comunidad. Hasta aquí todo correcto, me parece fantástico que así sea. El problema viene cuando los fotógrafos más noveles en estos asuntos confunden cantidad con calidad. No es raro que haya individuos que cuenten sus fotos publicadas en esas webs por miles. El hecho de que a alguien le acepten 2000, 3000, 4000 fotos… muchas veces se interpreta como que el fotógrafo en cuestión es un crack, algo que pocas veces es así, le pese a quién le pese. Y nunca pondré en duda que uno de esos individuos no sea un buen spotter, jamás censuraré el que publique miles de fotos, pero sí que me chirriará muchísimo el que alguien los tome por unos iconos de la fotografía, porque en muchos casos no es así, ni de lejos. Porque claro está, si se tiene un buen equipo, tiempo libre de sobra y facilidad para acceder a un buen sitio para fotografiar, no es difícil conseguir decenas de fotos al día. Pero eso no indica que uno sea buen fotógrafo. Dadme una EOS 1D con un “copito”, dos meses de vacaciones, con días soleados y colócadme cerca de Barajas y yo también podré colgar varios cientos de fotos. Pero el hecho de colgar 200 Airbus A320 seguidos sacados en el mismo lugar y con la misma luz no me convierte en un genio de la fotografía. Veo muchas galerías que sí, como trabajo documental de todas las matriculas de Iberia o como base de datos son una delicia. Pero desde el punto de vista fotográfico-aeronáutico están totalmente vacías de contenido. Aún no he visto a muchos de esos fotógrafos que intenten arriesgarse con una mala iluminación, que busquen un encuadre más creativo… Viendo sus galerías siento la misma emoción que contemplando la orla de mis tiempos de estudiante: un montón de fotos idénticas en que el fotógrafo se ha limitado sacar el ajuste para la primera y a partir de ahí se ha limitado a volver a disparar una y otra vez en cuanto cambiaba el sujeto. Hay un invento antiguo que hace lo mismo automáticamente, lo llamaban “fotomatón”. Es a estos individuos a los que considero “funcionarios del spotting” (con todo mi respeto a los funcionarios, he utilizado el apelativo únicamente por el tópico que suele llevar aparejado). Aficionados que fotografían los aviones con el mismo interés y rutina con que un funcionario va cuñando un impreso tras otro a lo largo de la jornada.

Con esto, repito, no estoy diciendo que sea una mala actitud. Cada uno es libre de vivir la afición y hacer las cosas como más le guste, faltaría más. Yo mismo también fotografío aviones simplemente de forma testimonial, para engrosar mi archivo particular. Por muchos CRJs que tenga en mi disco duro, no por ello voy a dejar de fotografiarlos. Pero de igual forma que no podemos comparar la calidad de un fotomatón con la de un fotógrafo de Vogue, creo que es un error tomar a uno de estos “fotógrafos en serie” como ejemplo de buen fotógrafo (artísticamente hablando). Porque, por poner un ejemplo así al vuelo… ¿alguien ha visto en alguna de esas webs fotos de Peter Steehouwer o Eric Coeckelberghs? Yo diría que no, de hecho muchas fotos suyas igual no pasarían el filtro de entrada. Y sin embargo la gente paga por sus fotos, por sus libros y les contratan para hacer reportajes. ¿Qué ocurre entonces?

La cámara NO hace al fotógrafo

Lo ilustraré de otra manera. A veces en algún evento he tenido ocasión de ver a algún aficionado con una cámara potentísima, recorriendo la plataforma de forma ordenada, se para delante de un avión, dispara y sigue al siguiente, dispara y sigue al siguiente… podría decirse que está pasando revista a la linea de vuelo. Todas las fotos salen con el mismo encuadre, misma altura, misma posición, misma iluminación… Está componiendo una bonita “orla” con los aviones del día. En otro lugar hay un crío de corta edad, enarbolando su pequeña cámara compacta casi de juguete que no deja de darle vueltas a un avión, avanza, retrocede, se tira al suelo (para disgusto de su madre) y trata de fotografiar ese avión desde los ángulos más inverosímiles, de forma tal vez algo tosca y descuidada está intentando ser creativo. Quizá tire 50 fotos sólo a ese avión, probablemente la mitad no tendrán ningún valor, pero entre el resto tal vez salga alguna curiosa. Ambos son buenos aficionados, ambos son buenos spotters (cada uno a su manera, tan válida como cualquier otra). Pero ahora mismo, si tuviera que elegir a uno de los dos desde un punto de vista meramente artístico, si tuviera que decidir quién es el mejor fotógrafo de los dos, posiblemente pasaría del señor de la mochila llena de objetivos y me quedaría con el niño de la cámara de Bob Esponja. ¿Por qué? Porque mejor o peor al menos está intentando hacer una foto que diga algo. El otro sólo está engrosando su colección de cromos de aviones.

Spotter vs. Spotter

El tamaño no importa, sólo el ojo del fotógrafo.

Epílogo

El problema final de todo esto es que muy pocos se molestan ya en intentar algo nuevo o en aprender técnica fotográfica. Muchos se lanzan con su cámara nueva al ruedo sin tener ni idea de conceptos como profundidad de campo, prioridad de obturación, distancia focal… Sólo saben que miran, centran el avión en el visor y disparan. ¿Buen spotter? Claro que sí. ¿Buen fotógrafo? Ni de lejos. Pero conforme aumentan su colección de “cromos” su ego se va inflando un poquito más cada vez. Se alegran y se van de fiesta con los amiguetes cuando consiguen publicar su foto 500 ó 1000 ó 2000… aunque el 75% de esas fotos sean básicamente la misma desde el mismo sitio y con el avión en la misma posición. Serán capaces de sacar un B737 en corta final, con el sol a la espalda, todo lo bien que les deje su autofocus y su exposición automática, tantas veces como sea necesario,  aunque difícilmente  sabrían hacerlo en manual y con mala luz, por no hablar de capturar una figura acrobática en el momento exacto y sin usar ráfagas. ¿Y qué más da eso mientras estén en la lista de los que más envían?. Sus fotos de sucesivos A320 de Iberia en plataforma serán sucesivamente votadas por sus amigos como las mejores de todos los tiempos, mientras que algún precioso Stearman sobre las montañas, con el contraluz del atardecer otoñal, se morirá de asco en las entrañas del servidor, porque el ilusionado fotógrafo que se esperó tres horas a tener la luz que deseaba y encontrar el encuadre perfecto tal vez no sea tan popular en las redes sociales.

Y lo peor de todo, con diferencia, es cuando estos “divos” ven la ocasión de participar en algún concurso o publicar alguna foto en alguna revista. Al considerarse tan “profesionales” ceden los derechos de todo su trabajo (?) y se contentan con ver su nombre en el pie de foto (a veces ni eso). Y ahí es donde le dan una estocada fatal a la profesión, porque por mucho que una cosa se haga por afición, desde el momento en que su material se solicita para un medio con ánimo de lucro (las revistas suelen llevar un precio en la portada, las webs proporcionan ingresos al autor…) están actuando como profesionales. Y un profesional cobra por su trabajo… aunque sea fotografiar aviones. Existen unas tarifas estipuladas para ello, aunque nadie se lo crea. A tanto por foto en función del tamaño, tirada de la revista, etc. Mal por el editor que se aprovecha del trabajo de estos individuos sin pagar nada y mal por los fotógrafos por permitir el uso de su trabajo a cambio sólo de poder enseñar una página con su nombre a su mamá. Si haces una silla cobras por ella, si arreglas un coche cobras por ello… si haces una foto para alguien, también deberías cobrar por ello. Con esa actitud (más aún en los tiempos que vivimos), sólo se consigue que el trabajo de los verdaderos profesionales se devalúe hasta cotas insospechadas. ¿Cómo cobrar por lo que otro hace gratis alegremente? ¿Para qué te sirve estudiar fotografía y gastarte los ahorros en una cámara si luego llega un adolescente que, con el regalito de papá por ser bueno y dedicando dos minutos a leerse las instruccionesb básicas de la cámara, te roba la cartera vilmente?. Hoy en día, sobre todo aquí en España, el profesional que consigue cobrar lo sufiente para pagarse el desplazamiento a un evento, puede perfectamente darse por satisfecho y bailar sobre un pie, prácticamente es lo máximo a lo que puede aspirar. Es triste, pero ¿qué importa eso mientras los demás puedan seguir presumiendo de sus miles de fotos iguales y gratuítas? De todas formas, el problema del intrusismo ya se sale un poco de mi tema principal. Tal vez en otra ocasión le dedique una entrada más a fondo.

Por supuesto yo no me considero un fotógrafo excepcional, ni muchísimo menos. Pero al menos intento mejorar cada día.

NOTA: La imagen utilizada corresponde a una web y una galería seleccionadas al azar, sin ningún interés concreto. (si acaso critico a algunos fotógrafos pero no a las webs de fotografía, en las que he participado y suelo visitar ocasionalmente). Asímismo confío en que nadie se dé por aludido directamente, soy consciente de que las generalizaciones no siempre son aplicables a cada caso.

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